EN CONMEMORACION DEL DIA INTERNACIONAL DE LAS MONTAÑAS

Hoy se celebra el Día Internacional de las Montañas y para conmemorarlo los invitamos a leer este entretenido ensayo que trata sobre la formación del Valles Las Trancas, esperando acercarte si quiera un poco a la historia de la rebelión de las montañas y volcanes que le dieron origen y que tanto admiramos. Esperamos lo disfruten.
UNA CANCION DE HIELO Y FUEGO
“Aún hoy en día, cuando atraviesas las laderas del mítico Valle de Aguas Calientes o subiendo por la escarpada galería de Garganta del Diablo, puedes percibir, a veces como una suave reverberación que llena la atmosfera, o como el tímido ronroneo de una bestia primigenia, el eco de aquella era plutoniana, cuando los volcanes aun eran jóvenes y esculpían el paisaje con su aliento de fuego y hielo.
Pero para entender la formación del Valle Las Trancas, debemos remontarnos hasta aproximadamente 200 millones de años atrás, cuando se produjo el colapso de las placas tectónicas y el consecuente hundimiento de la placa de Nazca debajo de la placa sudamericana, proceso conocido como subducción. Entonces, a causa de la presión, el borde oriental del continente sudamericano, sumergido en su mayor parte, comenzó a plegarse dando origen a una serie de conos volcánicos que poco a poco asomaban sus cimas humeantes sobre la superficie del mar. Sobre la naciente cordillera se había formado un extenso cumulo de nubes de gases incandescentes que impedía el paso de la luz solar. En las zonas de contacto entre la roca fundida y el océano emanaban densas nubes de vapor de agua y compuestos sulfurosos. Destellos y relámpagos iluminaban la atmosfera densa y asfixiante. Así bajo los azotes de un mar hirviente, comenzaban a alzarse los primeros volcanes y montañas andinas. Eran las luces tutelares de un joven continente.
Pero a la vez que emergía desde el océano, debido a la incesante actividad tectónica, el proceso estuvo alternado por episodios de erosión, desintegración y el derrumbe de grandes masas rocosas que se deslizaban hacia los valles y planicies más bajas, en su mayoria inundadas, hasta que hace unos 70 millones de años atrás, con gran parte de las tierras emergidas, logro estabilizarse debido al establecimiento de una gruesa capa de basalto y granito producido por el enfriamiento de las mareas magmáticas de las erupciones primigenias.
En ese entonces, en la meseta alta de lo que hoy sería el Valle Las Trancas se estaba formando un extenso cráter, que colapsaba constantemente y estaba surcado por grandes cúmulos de granito y rocas volcánicas, grietas y quebradas por donde aun fluía el magma desde las zonas profundas del manto. En este pequeño infierno de Dante, poco a poco comenzaban a formarse los sistemas montañosos que darían origen al complejo volcánico y a sus valles subyacentes, como lo conocemos hoy. Pero aún quedaba un largo camino. Y no solo el fuego daba forma al paisaje en este ambiente primitivo, sino que también resurgió una fuerza que no se veía desde hace cientos de millones de años atrás, el poder de los glaciares.
Desde hace unos 3 millones, la zona comenzó a enfrentar uno de los periodos glaciares más intensos de la historia, la del cuaternario y que provoco la formación de imponentes glaciares que dieron inicio a la erosión de las extensas mesetas basálticas. A través de miles de años, estas enormes cuñas de hielo erosionaron la roca madre, ganándole terreno a los flujos de lava y abriendo lentamente un conjunto de valles hacia el oeste, entre ellos el Valle Las Trancas.
Todo parecía más tranquilo. El complejo parecía dormir y ronronear bajo una gruesa capa de hielo y nieve. Sin embargo, hace unos 640 mil años atrás, la actividad volcánica aumento considerablemente, iniciando la formación de nuevos cráteres y pulsos eruptivos. Esto provoco el escurrimiento de intensos flujos de magma que comenzaron a derretir la nieve y a perforar el glaciar, acumulándose en las zonas más profundas o formando bancos laterales, en los recodos del valle. Con el tiempo estas se enfriaban y formaban interesantes estructuras conocidas como columnas basálticas.
En años posteriores, durante los nuevos periodos de glaciación, estas formaciones eran erosionadas por el hielo, desarrollando escarpes verticales de hasta 200 m de altitud, lo que puede observarse, por ejemplo, en zonas como el Paredón de los Pincheira. Era una lucha titánica entre el fuego del interior de la tierra y el hielo de los glaciares que poco a poco, labraron la actual geomorfología del valle. Por otro lado, hace unos 70 mil años atrás se produjo otro evento eruptivo importante y que dio origen a un nuevo afloramiento de magma que comienza a acumularse en la zona media en la forma de una meseta escarpada que ganaba terreno al glaciar y que hoy en día conocemos como Meseta Palo Huacho, desde donde nacen las bellas cascadas El Velo de la Novia y Rukapiren.
Ya en los últimos 40 mil años, habían aparecido varios conos volcánicos independientes, concentrándose la actividad principalmente en dos centros eruptivos; la de la zona del Nevados de Chillán y la zona del Chillán viejo. El complejo iba adquiriendo poco a poco su actual geomorfología. En ese momento también se dio inicio al último periodo glacial, la del Pleistoceno superior, donde terminaron de erosionarse gran parte de las paredes del valle, un proceso que termino hace solo unos 10 mil años atrás, cuando los hielos comenzaron a retroceder.
Desde entonces, la actividad volcánica del complejo comenzó a disminuir drásticamente, manteniendo pequeños focos eruptivos y la formación de cráteres secundarios que a su vez provocaban el afloramiento de un complejo sistema de aguas termales y zonas de fumarolas. En este pequeño periodo interglaciar y con baja actividad volcánica la vida comenzó a prosperar. En los suelos primigenios, saturados con depósitos de cenizas volcánicas, ricos en minerales, comenzaron a brotar pequeñas plantas, líquenes y matorrales achaparrados que resistían las heladas y que aportaban grandes cantidades de materia orgánica, iniciando así el ciclo edafológico. El glaciar había retrocedido casi por completo hasta las faldas de los volcanes y de él nacieron correntosos riachuelos que más tarde formarían los esteros Renegado y Chillán. Poco a poco, el valle completamente surcado por las cicatrices de las grandes glaciaciones e innumerables erupciones volcánicas comenzó a llenarse de vida. Esta era una fuerza imparable que en solo cientos de años cubrió todo el valle con un denso bosque donde innumerables especies establecieron su hogar”
EPILOGO
Las montañas representan algunos de los ecosistemas más valiosos del planeta. En ellas habitan cerca del 15% de la población mundial y alberga casi la mitad de la biodiversidad del planeta. Además, son la fuente principal de agua dulce y concentran 25 de los 34 hotspots de biodiversidad reconocidos en el mundo. Pese a su importancia, estos territorios están bajo una fuerte presión antrópica. El calentamiento global, la explotación intensiva de recursos, la deforestación, el desarrollo urbano y diversas formas de contaminación deterioran sus paisajes y comprometen la supervivencia tanto de su flora y fauna como de las comunidades que dependen directamente de estos ambientes, muchas de ellas especialmente vulnerables.
Esta historia es solo un acercamiento, un ensayo de cómo podría haberse formado este hermoso valle, pero sin duda tiene que haber sido aún más increíble. Al considerar periodos de tiempo tan extensos, que abarcan millones de años, es difícil hacer una descripción detallada de los procesos orogénicos. Por otro lado, las huellas de mucho de lo que ha ocurrido descansa en las profundidades de la tierra, inalcanzables para nuestra especie. Sin embargo, utilizando como base algunos estudios geológicos y mis propias observaciones y razonamientos en las distintas expediciones realizadas por toda la zona, me puse a la tarea de imaginarme la línea de tiempo con los eventos y fuerzas más importantes que dieron origen a la actual geomorfología del Valle. Pido disculpas a los expertos de antemano ya que de seguro hay varios errores respecto de los datos cronológicos y geológicos.




